Existe un deseo de perpetuarse, de procrear en lo bello y dar buen fruto. De lo puro, bello y por tanto bueno, solo puede salir algo de la misma naturaleza. Cuando se habla de la Belleza absoluta, es decir, el Conocimiento, creo que se está hablando de otra “realidad”.
Conviene recordar quizás, el mito de la Caverna. Por un lado la realidad sensible, la de las sombras. Esa realidad en la que los prisioneros se dan honores y elogios unos a otros, y recompensas a aquel que percibe con más genio las sombras. La otra realidad, la del mundo de las Ideas (que nos decían en clase…), a la que llegamos “empezando por las cosas bellas de aquí [de este mundo] y sirviéndose de ellas como de peldaños ir ascendiendo continuamente, sobre la base de aquella belleza, de uno solo a dos y de dos a todos los cuerpos bellos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las normas de conducta a los bellos conocimientos, y partiendo de éstos terminar en aquél conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que conozca al fin lo que es la Belleza en sí.”
La búsqueda del Conocimiento, es un largo y pedregoso camino. Abramos los ojos, busquemos en nuestra ecología los símbolos (puertas al Conocimiento) y hagamos nuestra interpretación de ellos (la cual nos enriquecerá y acercará más a la Belleza Absoluta). Sin olvidar que este ejercicio es un medio, para construirse uno mismo y hacer obra de ello. Si encuentras lo bello, “procrea” en ello y no olvides que lo que haces, te hace.
miércoles, 27 de febrero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario