miércoles, 5 de diciembre de 2007

La primera pequeña entremesa

El tomate es un húmedo fruto, una obra de arte, una creación, un símil de nuestra romance con América. Se dice que fue en 1540 cuando al tomate comenzó a plantarse en la Vieja Europa. Con la boca llena de su sangrante pulpa nos regocijábamos de nuestra supuesta superioridad tanto racial como moral. Véase nuestro afán por evangelizar, por llevar por el camino correcto a aquellas almas de Dios. Curioso es lo de Dios, pues este nunca recrimina el origen de sus hijos, sin embargo el abuso acaecido sobre el pueblo americano, su cultura, su dignidad en resumen, fue brutal. Los primero tomates que se plantaron en Italia, tornaron a deslúmbranos con un color dorado (el azar de la genética). De hay su nombre en italiano "pomo d´oro".

Todo el continente disfrutaba de la mágica baya. Y es que a veces miramos tan arriba que nos tropezamos, o en este caso, nos mordemos los dientes, nos quitan aquello de lo que nos habíamos apropiado indebidamente y América reclama lo suyo. Y en Europa, con la revolución francesa, el tomate se puso de moda, pues rojo el color de las birretas. Llegó a ser distintivo de los incondicionales el uso de este en ensaladas y refritos. A la par, las clases más pudientes rechazaban esta fruta. Y mientras el tomate se adueñaba de nuestra gastronomía junto con la patata o el maíz (otros dos alimentos de origen americano) con toda nuestra permisividad y cariño, allí íbamos "a hacer las américas". Se iniciaba una relación sin demasiados desniveles, se hablaba de hermandad, del pueblo hispanoamericano.

El siglo de la caída vertiginosa, es decir el pasado y el presente, nos ofrecía su globalización, con el consiguiente declive de la agricultura tradicional y biodinámica, llegándose a cultivar, o mejor dicho a producir, tomates manipulados genéticamente. La economía sudamericana en manos de grandes empresas multinacionales que compran a los gobiernos democráticos, dictatoriales y utópicos. Nuestros hermanos hispanoamericanos son definidos ahora como sudacas de mierda que nos roban el trabajo. Seguiremos cultivando, sin cansancio, hasta lograr la armonía que la Naturaleza nos brindo un día.

1 comentario:

Lozoot dijo...

Hola Cesar,

Soy Juan, como ves me acorde de la direccion de tu blog y aunque tengo tanto sueño que mis parpados no son capaces de vencer la fuerza de la gravedad he entrado para firmar.

Un saludo figura.